jueves, 19 de febrero de 2009

Por la ausencia misma de máquinas es que surge esta reflexión de qué representan estas en la cotidianidad de una persona. Al llegar a un espacio completamente vacío, donde solo se encuentra algo de ropa en un closet, una cama y muchas cajas alrededor, se puede dar cuenta que ese espacio se torna completamente aburrido, impersonal, realmente vacío.
Así, ¿serán las máquinas y los objetos lo que lo que le da vida a nuestros espacios, la escogencia de estos es lo que hace que un determinado espacio sea propio y no de otra persona? A partir de esto se podría interpretar que los objetos y las máquinas de las que disponemos diariamente adquieren como su propia personalidad, se humanizan en cierta forma, influenciando nuestro comportamiento diario, incluso sin notarlo, así alcanzan dimensiones que van más allá del cumplimiento de una función específica para las que fueron programadas o construidas.
Para hacer un recorrido por la influencia de estas máquinas, nace el siguiente cuento…

A las 4.30, todas las mañanas suena el mismo radio, que en teoría es un despertador, pero sus noticias ya se han vuelto las compañeras de los sueños de los que viven en esa casa, incluso es fascinante ver como los sueños a esta hora empiezan a ser una extraña mezcla entre la realidad nacional, (porque además en su vida nunca ha sintonizado una emisora diferente, siempre son noticias) y la fantasía. Además que es un reloj que jamás dice la hora que es. Es en su ausencia que notaron que es más un compañero de madrugada, pues es un radio que jamás ha cambiado su emisora, un despertador que en vez de levantarlos los arrulla, en cierta forma, y un reloj que jamás les dice la hora.
Al levantarse el primero, nota un espacio gigante, no hay televisor!!! En muchos hogares este artefacto es de lo mas importantes, incluso puede funcionar como premio para el más pequeño de la casa, pero este no es el caso, no en esta casa. De hecho solo hay uno y no es común que las personas se sienten a disfrutar largos ratos de ocio frente a el. Pero siempre ha estado presente y aunque no sea común, a veces podríamos atrapar a alguien de esta casa enfrente de el… y en este espacio que se ha vuelto tan aburrido sería un compañero ideal. Pero ahora, el que primero se levanta ve el enorme espacio que ha dejado vacío, y se acuerda de el… como un viejo compañero al que nunca le pone atención pero en los momentos de extremo aburrimiento o soledad nunca ha dejado de estar, hasta ahora. Incluso, logra ver esa pared blanca que no recuerda haber visto nunca antes.